MARTÍN
CARMONA, MAESTRO DE OBRAS |
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Pertenece a toda una familia que durante algo más de un siglo ha sido responsable de las obras municipales de la Villa de Arjonilla. Martín Carmona Hernández, es nieto e hijo de maestros albañiles, encargados de las obras de esta localidad, acometidas desde la institución municipal. Podríamos decir que, esta familia de apellido tan arjonillero, han sido testigos de excepción del cambio urbanístico que durante más de cien años se ha ido gestando en la |
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localidad,
hasta configurar un espacio urbano que deleita los sentidos. Las
calles de Arjonilla, están dotadas en nuestros días de una
belleza pensada por afamados arquitectos, en la que el buen hacer de los
alarifes del lugar, ha jugado un papel de primer orden. |
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El abuelo de Martín, de quien tomó nombre y apellidos, ejercía de maestro de obras de la Villa cuando la torre de la Iglesia de la Encarnación presentaba un chapitel a modo de media naranja y se alternaban en el poder conservadores y liberales, discutiendo unos y otros la forma de ahorrar petróleo en el alumbrado público, lo que originó el dicho popular: "Los faroles de la esquina los enciende Manuel Díaz y los apaga Medina". En aquellas décadas finales del siglo XIX, los tiempos de sequía se alternaban con épocas de lluvias torrenciales que provocaron que el puente del camino de Porcuna quedase destrozado, y necesitara de los reparos del maestro Martín Carmona. El hospital de Santiago, las calles aceradas con piedra de Porcuna, y las grandes obras municipales de los años 20 correspondientes a la recta política municipal desarrollada por el recordado alcalde Ángel Hernández Martos, entre otras las casas consistoriales, el matadero y la plaza de abastos, fueron obras en las que el abuelo de Martín Carmona puso todo su empeño junto a grandes arquitectos como Justino Flores, Lemes Hurtado, o Emilio Moreno Callejón. Arquitecto también fue el alcalde de la postguerra Antonio Alcántara, quien acometió numerosas obras de infraestructura tras el desastre provocado por la contienda civil. El maestro de obras de aquellos tiempos, fue Martín Carmona Blanco, padre de nuestro personaje, quien demostró su maestría en las obras colectoras de agua de las albarradas. De su padre, aprendió Martín el oficio, trabajando desde los 15 años, alternando en los inviernos el trabajo en las almazaras de García Morón y los Coello de Portugal. Ascendió desde su puesto de peón hasta trasladarse a Madrid y Salamanca para trabajar con la empresa Ginés Navarro, con quien construyó en 1966 el edificio de Correos. En 1970, alcanza el puesto de maestro de obras de la Villa de Arjonilla, por oposición, habiendo conocido hasta su jubilación en 1993, la sucesión de alcaldes Francisco Lara, Gregorio García Morón, Manuel Martínez Díaz, Ildefonso Carmona Bejarano y Pedro Carmona Úbeda. Obras significativas de estas últimas décadas, bajo su dirección, son el polideportivo "San Roque", las reformas del hogar del jubilado y la casa del marqués, la Plaza de la Encarnación y el parque del general San Martín, proyectadas por Luis Alonso Salcedo. Martín
Carmona ha experimentado la espectacular evolución que en los
últimos años ha tenido el sector de la construcción.
Comenta que antes los andamios se realizaban mediante unos pescantes
en la pared y tablones, desconociéndose el cemento, considerado
como algo de lujo, frente a la común utilización de mortero,
compuesto de cal y arena. Sobre su oficio, opina que se requieren ciertos
conocimientos a la hora de interpretar los planos. Antiguamente, ser
maestro de obras requería supervisar las obras particulares para
cobrar el impuesto municipal, una labor que hoy realizan otros profesionales. Ildefonso Rueda Jándula |
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