LA
HOJALATERÍA DEL ACEITE |
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Desde el Botillo, antaño denominado “de Campos” hasta el taller de la calle La Tercia, el arjonillero José López Carmona ha continuado el oficio que le enseñó su padre, Miguel López Expósito, uno de los mejores hojalateros de la comarca, conocido por sus cántaras para el aceite y los carburos vendidos hasta la localidad de Jamilena. |
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La fontanería sustituyó, con la fabricación en serie de los objetos de hojalatería, a este tradicional oficio perdido materialmente para siempre, aunque vivo en la memoria de Pepe, conocido en Arjonilla como “El latonero”. José López recuerda los tiempos de la posguerra, en los que las almazaras necesitaban de sus materiales para el almacenaje del aceite. El material era tan escaso, que se aprovechaban las grandes latas de mermeladas, tomate y pimentón, y las cajas de munición de chapa galvanizada. Con este material se hacían los carburos para los cazadores. Desde los diez años, realizaba cántaras para el aceite según lo había aprendido de su padre, y éste se había formado con el maestro Fuentes de Andújar. Durante la guerra, realizaba su padre las cantimploras y otros muchos objetos para los soldados del frente, y después todo el menaje de una casa, que se exponía en los ajuares de las novias. Los "arnarillos", regaderas, alcuzas toda clase de embudos para las matanzas, barreños y calderas para la elaboración de morcilla y un sin fin de cacharros. Para las almazaras se hacían trajineras con las que extraer el aceite de los grandes tinajones de almacenamiento, cántaras de trasiego, cuartillas para medir y más tarde, los bidones de mayor capacidad hasta la modernización de estas instalaciones para las que José López también trabajó como fontanero. La reparación de los radiadores de los coches era otra ocupación del hojalatero, que utilizaba un soldador de cobre con estaño y ácido. El soldador lo calentaban en una hornilla de carbón hasta que fue sustituido en primer lugar por unas lamparillas de alcohol y más tarde por los sopletes de gas. Los instrumentos musicales de la banda municipal eran objeto de los arreglos del hojalatero, que aunque con distinto metal, realizaba soldaduras de estaño. José López aprendió solfeo llegando hasta el cuarto método de Eslava, hasta la clave de Do en 4ª línea, según manifiesta con orgullo, para tocar el requinto con el maestro Don Matías Varea. Su aprendizaje musical le permitía comprobar el estado del instrumento una vez reparado. Aún se conserva por la Cofradía de Jesús Nazareno, la gran bocina de hoja de lata que hizo su padre, con retales de cajas y que más recientemente ha sido reparada por él mismo. Es uno de los instrumentos más tradicionales de la Semana Santa de Arjonilla, ligado a esta familia de hojalateros. Los
faroles acristalados de lata decorada con grecas de perforaciones, salían
desde su tienda del Botillo, para honrar a los difuntos, así
como otros que aún se conservan para cuando se acompañaba
al Santísimo Sacramento en su visita a los enfermos. Junto al
torno que moldeaba estos objetos, Pepe "El latonero", conserva
algunas de estas piezas de hojalatería, que pronto pasarán
al museo de nuestra memoria, entre las muestras materiales de los oficios
perdidos. Ildefonso Rueda Jándula |
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