LUIS ZAFRA MARCHAL, EL ÚLTIMO ALFARERO DE ARJONILLA
 
     
 

Cercano al lugar que ocupó la antigua ermita de Santa Ana, la patrona de la alfarería, el tejar de Luis Zafra representa el último recuerdo de la genuina tradición alfarera de Arjonilla. En este pueblo donde la segunda actividad económica es la cerámica, sólo queda un alfarero, distinguiéndose éste del ceramista, por su capacidad de fabricarse para sí todos los utensilios que necesita hasta crear la pieza deseada.

 
 
 

Luis Zafra aprendió los secretos de la alfarería de su abuelo, quien había introducido en Arjonilla la realización de cántaros y cerámica de basto gracias a otros artesanos de Cañete de las Torres y Bujalance. Con orgullo manifiesta que si bien la alfarería en Arjonilla puede remontarse a más de tres siglos atrás, aquí sólo producían tejas y ladrillos, hasta que Luis Marchal Gómez, su abuelo, introdujo los diferentes tipos de cerámica que aún modela en torno o a mano. De aquellos tiempos, recuerda el trajinar de burros subiendo la albarrada cargados de barro hasta los tejares, y la cochura de grandes tinajones en el horno de capilla de su abuelo Marchal, que contaba con dos puertas y por su tamaño fue apodado como "el tren".

El tejar donde continua ejerciendo el oficio a pesar de sus 72 años, lo hizo su padre, quien hacia 1.930 fabricó su propio horno moruno de donde salían millones de piezas hasta que en la década de los 60 la intromisión de maquinaria para la fabricación de tejas y ladrillos, dio al traste con siglos de tradición alfarera. Antes, el trabajo se realizaba entre los meses de abril y septiembre, ya que en el tiempo invernal las piezas grandes retardan en exceso su secado. Siempre ha utilizado el barro de la albarrada, cantera de arcilla de este pueblo, en la que según él, pueden encontrarse hasta 12 variedades de arcilla, algo que pocos conocen, y que considera de gran importancia, ya que para determinadas tipologías hay que utilizar un barro u otro para garantizar una buena cochura de la pieza.

En las balsas de los tejares se "mocheaba" el barro, y con los pies y manos era labrado por la acción del hombre, para posteriormente amontonarlo mediante carrillos, y desde estos montones suministrarlo a quienes moldeaban las tejas o ladrillos. Luis Zafra, realiza como en aquelos tiempos, las macetas, cántaros, jarras, botijas, jarrones, botijos y las tejas maestras que ahora se han convertido en motivos ornamentales. Las diferentes tipologías que salen de su taller, han motivado su reconocimiento a nivel nacional como uno de los últimos alfareros tradicionales. Recientemente se ha expuesto en el museo de Alcalá de Henares la reconstrucción de un edificio romano, para el que Luis Zafra ha realizado 6.300 piezas romboides de pavimento.

Cada año, tiene que reparar la capilla del horno con tierra rojiza, refractaria. Conoce a la perfección los secretos de la correcta cochura de su horno. Comenta que el tiempo de cocción depende de las piezas y del tamaño, aunque por lo general, el suyo tarda unas 9 horas durante las cuales alimenta el fuego con "caldas" de leña vegetal. Por el simple color de la pieza, conoce el momento en el que la cochura ha finalizado.

Luis Zafra ha visto la evolución de la cerámica arjonillera, desde la fabricación de materiales de construcción hasta las nuevas tipologías de reflejos metálicos. Comenta que él fue uno de los encargados de mostrar los secretos del barro cuando Manuel Blanco inició la cerámica decorativa en Arjonilla, aunque lamenta que tras él nadie continúe la alfarería tradicional.


Ildefonso Rueda Jándula