LA
SEMANA SANTA DE ARJONILLA, ENTRE LAS ANTIGUAS TRADICIONES Y LA NUEVA ESTÉTICA |
||
|
La Semana Santa de Arjonilla, comienza tradicionalmente con la festividad del Viernes de Dolores, que preside la imagen de Nuestra Señora de la Soledad. Su cofradía, dedica una fiesta eucarística de estatutos que culmina con la procesión de la Virgen por las calles de la localidad. En relación con esta fiesta, existe el dicho popular que dice: ?Si sale la Madre, sale el Hijo?, ya que según los antiguos, el tiempo meteorológico de este día predice el del próximo Viernes Santo. Destacan de entre los atributos de esta imagen, tallada por el escultor cordobés Rafael Díaz, el corazón de plata, con los siete puñales de Dolor. La cruz parroquial inicia la procesión litúrgica del Domingo de Ramos, en una mañana radiante en la que comienza solemnemente la Semana Santa. Los niños y niñas de Arjonilla, ataviados al estilo hebreo acompañan a las cinco cofradías de Pasión, que formadas en cuerpo tras sus respectivos estandartes aportan una gran brillantez al cortejo que aclama a Cristo en su entrada triunfal en Jerusalén. Los fieles llevan en sus manos ramos de olivo bendecidos, y palmas rizadas previamente en sus casas, adornadas para la ocasión. Otros, llevan la palma erguida, en actitud de aclamación para el que va a entrar en la ciudad Santa. Desde el siglo XVII, el cabildo municipal de Arjonilla, costeaba las palmas del Domingo de Ramos, para los regidores y autoridades eclesiásticas, una costumbre que se mantiene inalterada desde aquellos tiempos, si bien en la actualidad son muchas personas las que pueden conseguir la palma que posteriormente colocarán en los balcones de las fachadas, para ahuyentar al maligno. La procesión de las palmas, concluye en la Iglesia Parroquial de la Encarnación, con la celebración eucarística. Antiguamente, esta procesión se realizaba por las inmediaciones del templo, y al momento de entrar en la Iglesia, el sacerdote entonaba una oración que era contestada por el sochantre desde el interior. Entonces, el sacristán, con la cruz parroquial daba tres golpes en la puerta del perdón, que se abría finalmente, inaugurando así la Semana Mayor cristiana. La Cofradía de San Juan Evangelista, fundada en la segunda mitad del siglo XVIII, tiene su estación de penitencia en la noche del Miércoles Santo. El tramo de nazarenos de esta Cofradía es uno de los más numerosos de la Semana Santa de Arjonilla. Su túnica es blanca, mientras que el caperuz y la capa son de color verde, característico de esta devoción. El cíngulo, también verde, termina en sus extremos con madroños de estilo dieciochesco. Sobre el caperuz, el escudo de la Cofradía contiene un águila coronada que sostiene el libro del Evangelio. Numerosos fieles y devotos del Santo Evangelista, acompañan a la imagen titular de esta Cofradía y a la del Santísimo Cristo de las Misericordias, que preside el Via-Crucis.
La imagen del Cristo de las Misericordias, procesiona también en Solemne Via-Crucis, portada sin andas sobre los hombros de jóvenes arjonilleros. En su origen, el Cristo de las Misericordias o ?Padre de las Aguas?, tenía su capilla en la ermita de la Soledad, y pertenecía a la Cofradía de la Vera-Cruz. Es a finales del siglo XIX, cuando a raiz de varios años de sequía, el pueblo se encomienda al Cristo y en acción de gracias por la lluvia caída reedificaron con limosnas de la población la ermita del Santo, dedicada anteriormente a San Cristóbal. En ocasiones de sequía, la imagen era sacada en procesión en una cruz dorada y con espejos. El Cristo de las Misericordias realiza estación en los catorce momentos del Via-Crucis, distribuidos por las calles de la localidad, y que artísticamente adornan los vecinos para este ejercicio de piedad. JUEVES
SANTO El jueves Santo, antes de las reformas litúrgicas del Vaticano II, los oficios comenzaban por la mañana, con la asistencia masiva de fieles y el cabildo municipal. Al finalizar la conmemoración de la Cena del Señor, el Santísimo Sacramento era trasladado solemnemente hasta el Monumento que se realizaba en la capilla de la Inmaculada. Los regidores del cabildo municipal, portaban el palio del siglo XVI, que era una de las piezas más ricas del patrimonio de la Parroquia. Este palio, desaparecido en la guerra civil, estuvo expuesto en el pabellón de Jaén, de la exposición ibero-americana celebrada en Sevilla en 1.929. Asímismo se utilizaba en las visitas que los monarcas realizaban a Jaén capital, en las primeras décadas de este siglo. En conmemoración de la Santa Cena, el antiguo hospital de Santiago daba de comer al mediodía a doce pobres ancianos y con ellos comía el Señor Prior, costumbre que imponía la orden de Calatrava en sus dominios. Terminados los oficios matutinos del Jueves Santo, los pasos eran trasladados a la Parroquia donde eran expuestos a la contemplación de los fieles. Por la tarde, se convocaba de nuevo al pueblo para el Sermón del Mandato y el Lavatorio, acto que precedía a la procesión de Jesús en su oración del Huerto. La Cofradía de la Vera-Cruz es la primera en realizar estación de penitencia en la tarde del Jueves Santo. Tras el paso de Jesús orando en el Huerto, Jesús Caído y Santa Marcela, conocida popularmente como ?La Verónica?, son portados por costaleros y costaleras de la Hermandad. Las túnicas de los nazarenos de esta Cofradía son negras, con capa y caperuz blancos. Las imágenes del Cristo Caído y Santa Marcela, han sido realizadas recientemente en el taller del imaginero granadino Miguel Zúñiga. El paso, muestra el momento en el que la Santa limpia el rostro de Cristo y muestra en el paño las tres caras de Jesús. Todas las imágenes de la Cofradía, tienen su capilla en la ermita de la Soledad. La estación de penitencia de la Vera-Cruz, se inicia con el típico ?pendón? de las cofradías arjonilleras, de color negro y abierto en forma triangular. Le sigue el estandarte, con la imagen de la Vera-Cruz, desprovista del crucificado y con el paño de pureza. El primer paso de la estación de penitencia, es la Oración del Huerto, sobre un artístico trono de madera tallada y dorada, decorado con medallones de escenas evangélicas. El segundo paso, de misterio, el ya mencionado del Cristo Caído y la Verónica. Con anterioridad a la reorganización de las salidas procesionales de la Semana Santa de Arjonilla en 1990, acompañaban a esta procesión el resto de las Cofradías con sus imágenes. Tras esta reorganización, la Cofradía de la Vera-Cruz pudo realizar su propia estación de penitencia. El músico de Arjonilla y cofrade de la Vera-Cruz, Francisco Ortega García, compuso la marcha ?Canto a la Santa Cruz?, como himno de la Cofradía. Durante el antiguo sermón del Mandato y Lavatorio, la imagen de Jesús Orando en el Huerto permanecía en la nave central del templo parroquial, y durante toda la noche, dentro de la verja del coro bajo, era custodiada por dos cofrades que velaban la imagen. Para costear los cultos de sus titulares, la Cofradía de la Vera-Cruz, pedía limosna con unas tazas, al igual que otras cofradías, y tenían como límite para recaudar estas limosnas, las doce del mediodía del jueves Santo, y las doce de la noche del mismo día. En la actualidad, pertenecen a la Cofradía numerosos jóvenes que están realizando una gran labor en beneficio de la Hermandad más antigua de la Semana Santa arjonillera.
VIERNES
SANTO A la una de la madrugada del Viernes Santo, después de la Hora Santa en el Monumento, tiene su estación de penitencia la Ilustre Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y María Santísima de los Dolores. Tras la llamada del capataz en la puerta del perdón, sale la cruz de guía de la hermandad, con el primer tramo de nazarenos donde se integran los más jóvenes de la Cofradía. Las túnicas de la Hermandad son blancas, con capa y caperuz morados. El cíngulo, también morado, se adorna con madroños, y sobre el caperuz aparece el escudo de la Cofradía, que consiste en un puñal y cetro de caña cruzados en cruz de San Andrés, todo circundado por la corona de espinas, y al timbre, corona de marqués sobre el Espíritu Santo. La imagen antigua del Cristo de la Humildad, era sentada, sobre una roca, en actitud expectante ante el momento de la crucifixión. El sudario de esta imagen, era guardado todo el año por la familia del marqués de la Merced. La imagen actual de Jesús de la Humildad, talla anónima del siglo XVIII, muestra a Cristo en su presentación al pueblo, el ?Ecce Homo? maniatado y coronado de espinas. Es el primer paso de esta estación de penitencia, portado por horquilleros y escoltado por los ?armaos?. Estos soldados que recientemente ha recuperado la Cofradía, recuerdan la congregación de corte militar que siglos atrás escoltaba las imágenes de la Humildad. Sus trajes, copian, con diferencias, al soldado romano, aunque al surgir esta asociación en el siglo XVIII, adoptan elementos estéticos del momento, como los cascos adornados con flores y espejos, las bandas moradas y los galones dorados del pantalón y chaqueta. Van provistos de picas o alabardas, y el capitán, toca insistentemente un ronco tambor. El paso se completa con cuatro candelabros arbóreos, para siete luminarias con guardabrisas. La imagen posee además, una túnica de terciopelo morado, borada en oro a principios de este siglo, única prenda bordada que han conservado las cofradías tras la guerra civil. Sobre la antigua imagen de Jesús Preso, se conserva un pleito que data del año 1.750, pleito del que se extrae el encargo de la talla primitiva en 1.743, por el mayordomo de la Cofradía, Diego López de Quesada. Al filo del amanecer del Viernes Santo, el sermón de la Madrugá y el canto de los pregones, congrega de nuevo al pueblo en en templo parroquial, en una manifestación que constituye un retablo vivo de fe popular. La bocina, que había estado sonando por las calles desde la medianoche, acompaña ahora al pregonero, quien intercala los tres pregones entre el sermón matutino: Son los Pregones de Confortación, Sentencia de Pilatos y Voz del Ángel, mientras se realizaban varias ceremonias como la exposición del Ecce Homo y el encuentro de Jesús Nazareno con la Virgen de la Soledad, impedido por las picas de los armaos. Después del Sermón de la Madrugá, tiene su estación de penitencia la Real Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de la Amargura, presidida por el pendón de la Cofradía, de color morado. Las túnicas de los nazarenos son negras, con capa y caperuz granate. Sobre el caperuz, aparece el escudo de la Cofradía, con las siglas ?Jesús Salvador de los Hombres?, sobre una cruz de Malta, todo rodeado por la corona de espinas. La Cofradía tiene su sede en la ermita de Jesús, fundada por Doña María de Morales en el siglo XVII, como capilla particular, y donada a la Cofradía por su testamento. El domingo de Ramos del año 1998, se descubría una inscripción conmemorativa en esta ermita, acerca del nombramiento de Juan Carlos I como hermano mayor honorario de la Cofradía. El primer paso, es el de Jesús amarrado a la Columna, y detrás de éste desfila el bocinero con el típico instrumento de esta Cofradía, y el estandarte con la imagen del Nazareno. La imagen tallada de Nuestro Padre Jesús, fue realizada por Domingo Sánchez Mesa. El trono, con tallas de madera, y adornado de claveles rojos, es portado por horquilleros varones. Le sigue el paso de María Santísima de la Amargura, imagen que la Cofradía ha adquirido recientemente al escultor sevillano Salvador Madroñal Valle. El trono de la Virgen de la Amargura es llevado a hombros por mujeres de la Hermandad, y fue realizado en alpaca plateada en los talleres Angulo de Lucena. El vaivén de las costaleras, proporciona gran movimiento a los complementos de las velas rizadas laterales. Tanto la imagen de la Virgen como el trono, han sido adquiridos en los dos últimos años, fruto del trabajo de la renovada junta de gobierno de la Cofradía. Los oficios del Viernes Santo, convocaban al pueblo con el toque de la ?Matraca?. Antaño se celebraban por la mañana y tenían como ritual característico el oficio de tinieblas, durante el cual daban golpes de mazos en los bancos y puertas de la Iglesia, para conmemorar la expiración de Cristo. En la actualidad, tienen lugar alrededor de las seis de la tarde, y al finalizar los mismos, el predicador comienza el ?Sermón de las siete palabras?. Siempre el gran templo a rebosar, muchos fieles contemplan el desenclavamiento y descendimiento del crucificado. El desenclavamiento, tradición muy extendida en el barroco por todos los pueblos, se mantiene con todo su esplendor en Arjonilla. Ocho jóvenes, de la Cofradía de Jesús Nazareno, revestidos con el hábito de la Orden del Santo Sepulcro, se encargan de su escenificación, mientras el sacerdote hace brotar lágrimas a todos los que contemplan la escena. La imagen del Cristo muerto, con los brazos articulados, es una talla del granadino Domingo Sánchez Mesa, inspirada en las obras de Mora, con una gran naturalidad que consigue introducir a los fieles en un hecho casi real. Cristo es desenclavado y descendido de la Cruz. Los caballeros conducen la sagrada imagen hasta el sepulcro procesional, entre las miradas emocionadas del pueblo. La procesión del Santo Entierro en Arjonilla, no comienza en la calle, sino que lo hace desde el mismo Altar Mayor del gran templo parroquial. Así, lo que se ha celebrado en el interior, tiene su manifestación externa posteriormente, en compañía de las cinco cofradías de pasión. La primera cofradía en salir en la magna procesión del Santo Entierro, es la Vera-Cruz, con el paso de la gran cruz negra, con el sudario de Cristo. Le sigue la Magdalena, con un vestido negro de azabaches y bordados y el pomo de los ungüentos en la mano. La imagen de la Magdalena, es obra del escultor arjonillero Bejarano, y lleva pelo postizo que aporta gran naturalidad a la Santa. Todos los nazarenos de las cinco cofradías desfilan en esta procesión general, con lo que el resultado es una manifestación religiosa de gran vistosidad. La Cofradía de Jesús Nazareno, la encargada de procesionar las imágenes de los distintos misterios de la Pasión, sale después con el paso del Santo Entierro de Cristo. La arquitectura renacentista de la puerta del perdón sirve de marco para la magnífica imagen articulada, que descansa sobre la losa del sepulcro. Antiguamente, las mujeres cultivaban en los patios de las casas grandes macetones de lirios, que servían para adornar el paso. También era tradicional colocar varias golondrinas junto al cuerpo del Cristo muerto, ya que según la creencia popular, fueron éstas las encargadas de quitar la corona de espinas del Redentor. La imagen del Cristo yacente, es objeto cada año de las saetas que entonan los cantaores en plazas y esquinas del pueblo, y sobre todo en el botillo, lugar tradicional para contemplar los desfiles procesionales. Los nazarenos de marfil y verde, anuncian la salida de la Cofradía de San Juan Evangelista, con su único paso, el del discípulo que siempre acompañó a Cristo. También junto a la Virgen de la Soledad, haciendo realidad el pasaje evangélico al pie de la Cruz. Cierra el cortejo procesional la Santísima Virgen de la Soledad, toda vestida de negro en su saya y manto, destacando sus atributos de plata: La corona del año 1.732, el corazón con los siete puñales, donados en 1.803 por Roque Carmona y Antonia Sánchez, la medialuna donada por Francisco Rodríguez, y el rosario de medallones, joyas de gran valor artístico, recuperadas tras la guerra civil. Para la procesión del Silencio, que la Señora de Arjonilla realiza a la una de la madrugada, después de concluir el Santo Entierro, la imagen era desprovista de todo adorno. SÁBADO
SANTO La procesión del Silencio recorre un largo itinerario. Los fieles y nazarenos, con luminarias, en gran silencio y recogimiento caminan. Sólo se oyen los pasos y los tambores de la Cofradía. Queda al final, recogida la Sagrada imagen en su ermita, la antigua Valrrico, sede de la parroquia hasta mediados del siglo XVI. En su camarín, la Virgen de la Soledad, que ostentó el título de patrona de Arjonilla durante los siglos XVII y XVIII, acoge bajo su manto negro bordado en oro, a todos los hijos de Arjonilla, porque existía la tradición de llevar su Rosario de plata a toda parturienta en situación delicada, para que la Virgen protegiera al recién nacido.
Una vez anunciada la Resurrección de Cristo, sobre las doce de la noche del Sábado Santo, momento para el que el vecindario realizaba disparos de salvas, alrededor de las diez de la mañana del Domingo de Resurrección, se reunían en la ermita de la Soledad las cofradías de la Vera-Cruz, Jesús Nazareno y San Juan, llamadas por el sonido de la campana de la ermita. En la Parroquia, se preparaba el clero y las cofradías de Jesús de la Humildad sin paso y la cofradía de la Soledad con la Santísima Virgen de la Alegría. Las campanas de la torre no cesaban de repicar a Gloria, cuando se encontraban las imágenes del Resucitado con la Virgen de la Alegría. La
Magdalena, vestida de color, inicia el cortejo procesional. Le sigue
la Cofradía de la Humildad sin paso, y la Cofradía de
Jesús Nazareno con Cristo victorioso sobre el sepulcro. Muchos
niños portan estandartes de victoria delante de la imagen del
Resucitado. Detrás, San Juan y la Virgen de la Alegría
con una flor en la mano, vestida con manto azul, anuncio del tiempo
pascual. Las mujeres de Arjonilla, han repetido en la mañana
radiante de Resurrección, un viejo ritual que consiste en bendecir
con el agua bendita todos los rincones de las casas. Cristo ha vencido
a la muerte al tiempo de inaugurarse una nueva primavera. ©Ildefonso
Rueda Jándula
|
||
|
||