EL
ESPLENDOR BARROCO Y LAS DANZAS DE NIÑOS EN LA PROCESIÓN
DEL CORPUS. ¿SEISES EN ARJONILLA? |
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La solemnidad del Corpus fue en nuestro pueblo uno de los acontecimientos más esperados por el vecindario, no solo por el gran despliegue teatral que suponía la procesión, en la que participaban músicos de las mejores capillas de la provincia, grupos de gitanos danzando, comediantes, y el clero y cabildo municipal con sus mejores galas, sino por la organización de corridas de toros, documentadas desde el año 1.587, antes incluso, que para las fiestas de San Roque. Entre las décadas finales del siglo XVI y la primera mitad del siglo XVII, la fiesta del Corpus Christi en Arjonilla, era un auténtico espectáculo barroco, fomentado por el culto Eucarístico que se impone desde Trento, y con singularidad en España, por determinadas ciudades como Sevilla, Granada y Toledo. La cercanía y relaciones de nuestra Diócesis giennense con la sede del Primado, (Toledo) determinó también en nuestra tierra el desarrollo esplendoroso de la fiesta del Corpus. Durante este tiempo entre el XVI y el XVII, se levantaron arcos triunfales, altares con los bufetes (o escritorios) en los que se hacía parada con el Santísimo mientras la capilla interpretaba un Motete, se cubrían los balcones de adamascadas colgaduras, se extendía la juncia y otras hierbas olorosas por las calles, y en la plaza se representaban autos sacramentales, al paso de la procesión, tomando asiento el clero y la corporación civil para contemplar la comedia. Todo esto, costeado por el cabildo municipal, y no siempre, ya que estos gastos suntuarios dependieron de la situación económica de las arcas municipales, y de los dispendios que hacían otros municipios cercanos, ante los que surgía la rivalidad entre cabildos. Sin embargo, una constante del Corpus en Arjonilla en este período ha sido las danzas de los niños en la procesión, costumbre que con todo su esplendor se mantiene en la Catedral de Sevilla, mediante los conocidos seises. Ya en 1.595, se pagaron tres ducados al Sacristán Juan de Aranda, “por razón de las danzas e ynvinciones que sacó para la fiesta del Santísimo Sacramento”, y al año siguiente, también se costean de la siguiente manera “a Joan Ramirez y Carvajal músico e vecino de Porcuna setenta e dos reales y a Joan de Vargas Xitano y sus conpañeros quarenta reales y a un maestro de esquela y otros representantes quarenta reales que son todos çiento y zinquenta y dos reales que los uvieron de aver por aver zelebrado la fiesta del Santísimo Sacramento el día del Corpus Xpti” En los años 1.604 y 1.605, de nuevo aparece el Sacristán Juan de Aranda, con una danza de niños en la procesión, pagando el cabildo por su trabajo de enseñar la danza. En 1.610, 1611 y 1613 también hay noticias de danzas de niños, por el gasto en los zapatos costeados por el Ayuntamiento. El número de zapatos, 7 pares, nos da idea del número de niños que participaban en la danza. Año 1610. “Que por librança del concejo de doce de março del dicho año pago a Andrés de Lara de siete pares de calças que dio a los niños que hiçieron la comedia para el día del corpus del año pasado de mil y seiscientos diez” Año 1611. “Dio en descargo que por libranza del dicho concejo de tres de julio vendió cinco fanegas de trigo para pagar a Cristóbal Nabarro, çapatero siete pares de çapatos que dio a los niños que representaron y dançaron el día del Santísimo Sacramento” Año 1613. “Dio en descargo ochenta reales que por libranza deste qº. de veynte e tres de junio del dicho año pago a Cristóbal nabarro çapatero por los çapatos que dio a los niños para la comedia que hicieron el día de Santísimo Sacramento”. Del
contenido de estas pequeñas aportaciones documentales, podemos
extraer algunas consideraciones. En primer lugar, la importancia de
la procesión del Corpus en Arjonilla, por la participación
de grupos de danzas, hasta en número de tres, cuando en la ciudad
de Jaén, normalmente eran cuatro las que acompañaban al
Santísimo. La danza de niños debió ser lo que más
agradaba a la población, o bien lo más fácil y
menos costoso de realizar, ya que para las danzas de gitanos se debían
establecer contratos mediante protocolos notariales. Gracias al arte,
a la colaboración de los vecinos, y a otras personas de etnia
gitana y esclavos, la sociedad arjonillera de aquel tiempo, tan castigada
por una serie de circunstancias bastante desfavorables, pudo disfrutar
sobremanera con estos regocijos y olvidarse durante unas jornadas de
la cotidiana dureza de su forma de vida. |
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