DRAMATIZACIONES EN EL VIERNES SANTO DE ARJONILLA
 
 

 

La Semana Santa en Arjonilla, de partida es como todas, con sus oficios litúrgicos, procesiones, visitas al Monumento, aunque otros actos que desde tiempos medievales se prodigaron en este tiempo de Pasión por toda la geografía andaluza, han sobrevivido en esta Villa a las modas y los períodos decadentes. En el Viernes Santo arjonillero, como se hacía desde siglos atrás, se cantan los Pregones momentos antes de iniciarse la procesión del Nazareno, con las primeras luces del día y se escenifica el Descendimiento de Cristo, o como aquí decimos, "desenclavamiento", con la misma frescura que antaño, cuando los últimos rayos del sol penetran por las vidrieras del templo de la Encarnación. Son los momentos pasionales del Viernes Santo, presididos por la Hermandad de Jesús Nazareno.

Entre sueños hemos oído en la lejanía la bocina, que desde las doce de la noche había comenzado su peregrinar por las solitarias calles de Arjonilla, por las que cada hora han pasado las mujeres camino del Monumento para velar al Santísimo durante toda la madrugada. Son los hermanos de Nuestro Padre Jesús Nazareno, los que se dedican a pedir la limosna con las tazas, ya que esta Cofradía preside los actos de la madrugá y el día del Viernes Santo. Hay que abrigarse en estas primeras horas del santo día, camino de la Iglesia de la Encarnación, que se va a convertir por unos momentos en plaza pública para el pueblo que un año más va a condenar a Cristo.

Sube el sacerdote al púlpito, a eso de las ocho de la mañana y comienza el "sermón de la madrugá", plática del proceso condenatorio que para una mayor comprensión de estos Misterios se acompaña del canto de los pregones, desde el coro, a cargo del "pregonero", el conocido Pedro Pérez Delgado, y del bocinero, Paco Jiménez, con el alargado instrumento musical de hoja de lata, enfundado en tela negra, que siempre conocimos en la mañana del Viernes Santo y nunca en otro momento. El primero de los pregones, es del Confortación, en el que se introduce a los presentes en la Pasión de Cristo, anunciada por los profetas.

CONFORTACIÓN

Redentor del Universo,
Jesús hijo de María.
El consistorio supremo,
de la Trinidad Divina,
determina que este Cáliz,
de amargura y agonía,
lo pases hasta la muerte,
en satisfacción precisa.
De la fianza que hicistes,
para reparar la ruina
del hombre, por medio de ella
libre esta virtud divina.
Injurias, muertes y afrentas
vuestra ánima os reciba.
Puesto en pública escritura
los profetas certifican
y la amorosa rastra
a satisfacción tan fina.
Infinitos precios paguen;
ofensa que es tan divina.

El segundo pregón, la Sentencia de Pilatos, se intercala con los toques prolongados de la bocina, reproduciendo el momento de la condena de Jesucristo. Entre uno y otro pregón, intervenía el predicador, al tiempo de mostrarse un lienzo con el Ecce Homo y los más antiguos dicen que se comían los hornazos en el interior del templo, quedando las cáscaras de huevo esparcidas por las primeras gradas del altar mayor, donde habían asistido sentados a la dramatización de la Condena, aunque estos vestigios materiales no han sido vistos por nadie, sino que estas noticias han pasado generación en generación.

SENTENCIA DE PILATOS

Yo, Poncio Pilatos, que presido
el imperio en Galilea y su partido.
Por el emperador Tiberio,
en quien está el gobierno y mando de Jerusalén.
Estando en mi palacio y tribunal,
doy sentencia de muerte capital.
Contra Jesús llamado Nazareno
por alborotador de este terreno.
Porque en Jerusalén quiere ser Rey
siendo hijo de Dios y autor de nueva ley.
Siendo hijo de un pobre carpintero,
mágico encantador y un embustero.
Hijo de María la desgraciada
que hoy por El se ve afrentada.
Porque atrevido niega su empeño
pague el tributo al César nuestro dueño.
Y pidiendo todo el pueblo a gritos
pague por enorme su delito,
para penas y escarmientos,
de ese loco y vano atrevimiento.
Mando lleve la cruz a cuestas
con cadenas y sogas al cuello puestas.
En el monte que llaman el Calvario
sea crucificado el temerario,
con ladrones uno y otro a cada lado,
para que sea entre inicuos reputado.
Sus culpas e infamias por entero
las irá publicando un pregonero.
Mando que ninguno sea osado
de impedirle hasta que por mí sea mandado.
Pues el que libre su persona,
se tendrá por traidor a la corona.
Que quien de todo el pueblo es enemigo
merecen que le den este castigo.
Pues es conforme a leyes de justicia,
que el que tal hizo pague su justicia.

Finalmente, la Voz del Ángel, subraya las consecuencias de la condena a Cristo, en pago de la deuda de Adán, por la que ha de cargar con la cruz a cuestas, escena que los arjonilleros van a presenciar a continuación, esto es, a la venerada imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno caminando bajo el peso de la Cruz, tras el bocinero (bucinator), que como en Jerusalén, convocaba al pueblo ante el condenado.

VOZ DEL ÁNGEL

Esta es la justicia irrevocable
del arcano de Dios inexcusable.
Que cumpla la más cándida inocencia
la más áspera y rígida sentencia.

MANDA.
Pues la deuda de Adán,
Adán no paga por fiador la deuda satisfaga.
MANDA.
Cual justo juez el Padre Eterno
no estorba el precepto amor paterno.
Que su hijo Jesús sabiduría
hermosísimo hijo de María.
MANDA.
Que el amor en rígido proceso
que por el amor hoy lo sea preso.
MANDA.
Que a muerte sea sentenciado
azotado y de espinas coronado.
MANDA.
Que lleve la cruz hasta el calvario
caminando a la muerte voluntario.
MANDA.
Que sea puesto en un madero
sin quejarse el mansísimo cordero.
Que tres horas este vivo y pendiente
desnudo y avergonzado el inocente.
Viéndole allí su madre dolorosa
afligida, mortal, triste y llorosa.
MANDA.
Que expire Cristo Dios de la luz
y que su vida, de en la Santa Cruz.
Preciso es que sufra tales penas
quien carga las culpas ajenas.
Supuesto que el amor la causa
ha sido, muera de enamorado el ofendido.
Supuesto que amar tan fino sabes, justo es
que quien tal hizo que tal pague.

Cuando antiguamente la procesión se iniciaba de madrugada, la imagen de Jesús Nazareno era acariciada por los primeros rayos del sol, al descender la calle de las parras, momento que la multitud contemplaba desde la plaza del Mercado. En nuestros días, toda la estación de penitencia está presidida por la luminosidad de la mañana del Viernes Santo, hasta finalizar bajo la portada enladrillada de la ermita de Jesús, donde la multitud aguarda la despedida de una de las imágenes más queridas entre las devociones arjonilleras. La siguiente salida procesional simbolizará todo lo contrario: Las tinieblas y la oscuridad de la muerte. Son los contrastes del barroco, en el tránsito pascual.

Por la tarde, de nuevo somos llamados, al son de la carraca, a los oficios de la Muerte del Señor. El sermón de las siete palabras, al que seguirá el Santo Entierro, es costeado por la Cofradía de la Virgen de la Soledad, ¿Quién mejor para costear el entierro de un Hijo, que su propia Madre?. Cuando el sacerdote ya ha motivado lo suficientemente a los fieles que abarrotan el gran templo sobre la muerte del Salvador, unos jóvenes ataviados con el hábito de la Orden del Santo Sepulcro proceden al desenclavamiento de la imagen del Cristo de brazos articulados. La maestría de Don Domingo Sánchez Mesa, perfeccionó a tal punto la articulación de los brazos, de manera que ya no son necesarias esas toallas que cubrían la unión entre los brazos de la imagen y el cuerpo, para ocultar el artilugio. Aún así, permanecen los paños sobre los brazos del Cristo yacente, como en otros tantos lugares donde se celebraba esta ceremonia y que han mantenido esta costumbre ignorando su origen.

El desenclavamiento de Cristo en la tarde del Viernes Santo arjonillero es una pervivencia casi única en Andalucía, de las antiguas dramatizaciones de la Pasión que desde la Edad Media se realizaban en templos y plazas. Tan sólo nos hemos encontrado rituales parecidos en las localidades cordobesas de Doña Mencía y Montalbán. En el primer lugar, se alternaba la escenificación con el sermón de las siete palabras, a la puerta de la Iglesia, mientras se rasga un gran velo o cortina mediante un mecanismo, rememorando el pasaje evangélico. En Doña Mencía, como ocurría en Arjonilla, la imagen de la Virgen dolorosa presenciaba el emotivo descendimiento del Hijo, y en Montalbán a esta representación se le denominaba el "Depósito", ya que todo el ceremonial concluía con el depósito de la imagen en la urna fúnebre, momentos antes de comenzar la procesión del Santo Entierro.

Los distintos priores de la Encarnación gustaron siempre de exhortar a los fieles en estos momentos, desde el púlpito, a un lado de la escena que presidía el Altar mayor. Los vestigios de los tormentos de la Pasión eran acentuados por el predicador mientras los agentes del descendimiento procedían a mostrar al pueblo estos elementos: la corona de espinas, los tres clavos... Finalmente se procede a amortajar la imagen con un gran lienzo que aporta a la escena una gran naturalidad. Con el fin de conmover más a los presentes, se alargó el trayecto del cortejo fúnebre, hasta la misma puerta del Perdón, penetrando así la dramatización entre las filas de bancos de la nave central. Para este momento, el poeta Antonio de Jaén, compuso unos versos dedicados a los caballeros del Santo Sepulcro: Conducidle con mimo; como a un niño / sobre un ramo de sangre y de romero, / como al vidrio delgado de un milagro / y a una paloma herida en el regreso ... / ! Despacio ... muy despacio ... / Que no sufra ... /Que un Dios no puede estar del todo muerto !

Antiguamente se colocaban unas golondrinas de plástico en torno a la imitada piedra sepulcral, por tradición de hondas raíces, ya que desde el antiguo Egipto la golondrina estaba asociada a la muerte a lo que hay que añadir la tradición cristiana de que fueron estos pájaros los que quitaron la corona de espinas a Cristo en la Cruz. También es cierto, que el sonido alegre y la presencia de las golondrinas marca simbólicamente la llegada de la primavera, y por tanto, es se constituye en un elemento que refuerza el sentido pascual de la fiesta.

Hay que añadir que la pervivencia de estos esquemas de representación no significa que los aspectos formales de la misma se hayan mantenido estáticos a través de los siglos. La religiosidad oficial desdeñó a partir del Concilio de Trento estas representaciones que pudieron desaparecer y resurgir ante circunstancias históricas concretas. No parece ser este el caso de Arjonilla, donde cada año, el pueblo presencia como si de un viaje en el tiempo se tratara, el camino hasta la Cruz, desde la condena de Pilatos hasta el entierro del Cristo yacente, bajo el arco de la ermita de Jesús, que bien pudiera ser confundida con la bóveda del Santo Sepulcro.

Al tercer día, con la nueva apertura de la ermita, saldrá Cristo victorioso, como del mismo sepulcro. No necesita el pueblo de más entendimiento que la simple contemplación visual de unos Misterios cuyo hilo conductor depende, desde tiempos inmemoriales, de esta Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

 

©Ildefonso Rueda Jándula