SAN ROQUE ARJONILLERO, EN EL CENTRO DE ESPAÑA
 
 

 

A pocos metros del Kilómetro 0, junto a la madrileña Puerta del Sol, la Iglesia de San Ginés guarda entre sus capillas un buen número de devociones religiosas andaluzas, atraídas quizá por la multisecular presencia de la Virgen de la Cabeza, que ya desde tiempos medievales era visitada por María, esposa de San Isidro, que por ser camarera de esta venerada imagen fue canonizada posteriormente como Santa María de la Cabeza.

Junto a esta advocación mariana giennense y con la emigración de la posguerra, otras devociones patronales de los pueblos del Santo Reino emigraron junto con las ilusiones de quienes buscaban en la capital el sustento para sus familias. Así se establecieron en San Ginés las Cofradías de la Virgen de Guadalupe, Patrona de Úbeda, la Virgen del Castillo, patrona de Vilches y la Virgen de Nazaret, patrona de Chiclana de Segura.

De todos es conocido que el priorato de esta importante Parroquia madrileña, pertenece al sacerdote arjonillero Don Ángel Martínez Carmona. También los dos sacristanes, Don Bernardo Toribio y Don Cayetano Ramírez son hijos de esta Villa. Me consta que como buenos arjonilleros saben difundir las grandezas de nuestro pueblo, desde este lugar privilegiado, en el mismo corazón de la capital de España.

Recientemente, entre las importantes obras de reforma que se han llevado a cabo en el templo de San Ginés, destaca la realización de los relieves de un apostolario tallado en madera para la sillería del Altar Mayor, donde debido a la existencia de más de doce sitiales, se han incorporado otras devociones, como un San Roque, que por la devoción de Don Ángel Martínez ha tallado el autor de la obra, el decano de la Facultad de Bellas Artes, Don José Luis Parés. El relive representa al Santo de Montpellier con todos los elementos iconográficos propios: el bordón, la esclavina, conchas de peregrino y calabaza, junto al perro y en el ángulo superior derecho, un ángel con una cartela, recordando a aquel otro que anunciara la santidad de San Roque. El bordón, que desciende desde el brazo derecho del Santo hasta la figura del perro, divide la escena para mostrar al fondo un paisaje con elementos bien conocidos: el castillo de Arjonilla con sus murallas, y al fondo la torre de la Iglesia Parroquial de la Encarnación. Un motivo más para los arjonilleros ausentes en Madrid, que ya pueden venerar a su santo patrón, junto a la Virgen de la Cabeza, desde un rincón más de España donde hay mucho de Arjonilla.

©Ildefonso Rueda Jándula