LA
ESTACIÓN DE ARJONILLA |
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"... Que caiga un chaparrón en medio de la estación ..." La antigua estación de ferrocarril de nuestro pueblo, según la define Juan Manuel Lara Gómez es humilde y modesta en su sencillez, alejada del pueblo y emparedada entre la de Andújar con el enorme movimiento propio de ciudad y la de Marmolejo con la afluencia de "aguanosos".Cumplía, sin embargo, su misión comunicativa con viajeros, correspondencia y mercancías. Desde la década de los 50, su pequeña importancia quedó anulada, y la imagen actual es la de una casa casi derruida y abandonada, cuya iluminación, de la sub-central eléctrica, hace más visibles sus desperfectos. Desde los olivos de los Taleros, la vieja estación aparece en el paisaje del término municipal de Arjonilla, entre las escasas tierras de campiña y la "estacada de los boticarios". Los eucaliptos señalan el lugar de la estación bajo el monte donde destaca en altura la "Fuente de la Peña". Todavía, se puede oir en las calles de Arjonilla, con el silencio de la noche, el transcurrir de los trenes de mercancías, lo que según los mayores de la Villa, es una señal de lluvia, que los aires del poniente acercan a la población, desde la "estación del vino", apodo que recibió este solitario paraje. La construcción del ferrocarril en relación con Andújar, Arjonilla y Marmolejo tiene sus inicios a partir de 1.850, cuando desde la antigua Iliturgi se organizan las reuniones con los representantes políticos de la comarca. Ya en 1853, el Ayuntamiento de Arjonilla veía en la nueva vía de comunicación una salida para la miseria de la población, ante la escasez de las cosechas. El impulso definitivo al proyecto, se da en 1.859, cuando el alcalde de Arjonilla, Rafael Bueno participa de la Junta directiva de la gestión de ferrocarriles de la Provincia de Jaén. La aportación del Ayuntamiento arjonillero al proyecto, se concretará en la disposición de un tercio del caudal de propios, mientras que la Diputación Provincial financiará el camino que conecte la estación con la Villa en 1.864. El 14 de Septiembre de 1.866, tuvo lugar la solemne inauguración de la estación arjonillera, perteneciente a la vía férrea de Manzanares a Córdoba, a cargo de los Ministros de Fomento y Gobernación. La recién estrenada estación de ferrocarril fue adornada con colgaduras y el recibimiento de los Ministros estuvo acompañado de la banda de música municipal dirigida por don Pablo Zafra Aybar, mientras que la corporación invitó a las autoridades nacionales, clero y juzgado de paz a un refresco. La estación de Arjonilla, se convertía a partir de este momento, en lugar de partida para los productos agrícolas (aceite y cereales) de la Villa y de otras localidades cercanas como Arjona, Escañuela, Villardompardo, Torredonjimeno y Martos, lo que motivó al año siguiente la construcción de la carretera que conectara con la vía provincial de Andújar a Torredonjimeno, proyecto impulsado por el Conde de Agramonte, diputado a Cortes por el distrito de Andújar. Los nuevos festejos de inauguración de la carretera duraron varios días, al coincidir con la boda real de Alfonso XII con doña Mercedes de Orleans. La afluencia de carruajes y el comercio con otras poblaciones debió ser importante, cuando en 1.890, se proyecta en el casco urbano de Arjonilla una vía de circunvalación "para evitar que los carros hundan las calles principales". El trayecto propuesto era el siguiente: "calle molinos, callejón de Garnica, por detrás de la huerta del convento al camino Porcuna y pozo nuevo, calzada de San Cristóbal (El Santo), calle Misericordia y calle Nueva a la carrera de San Roque". Como visitas destacadas de las que fue testigo la estación de Arjonilla, podemos reseñar la del 9 de mayo de 1.904, cuando pasa por la estación Alfonso XIII, quien fue recibido por la corporación municipal, banda de música, disparo de cohetes y otros festejos. Durante la segunda república, queda constancia de la visita de Queipo de Llano, para dar un mitin destinado a la sociedad obrera socialista de Arjonilla, cuyo libro de actas testimonia su estancia en esta localidad. El recibimiento de Queipo de Llano tuvo lugar en la carrera de San Roque, y lo primero que quiso visitar fue la Iglesia Parroquial. Los acompañantes, en su mayoría republicanos no quisieron entrar con Queipo de Llano en la Iglesia, por lo que el Prior Don Francisco Morales Vera, salió a la puerta del perdón para decirles que entraran, porque la Iglesia era también la casa del pueblo. La correspondencia era una actividad diaria de la estación. Aún queda memoria entre los mayores de Arjonilla, del primer cartero del pueblo, Manuel Uceda Carmona, quien a mediados de siglo pasado, repartía a domicilio las cartas, aún sin sellos, y en el lugar de destino cobraba por su trabajo, en dinero, y cuando este escaseaba, en especie, como aquel cerdo que pagó un vecino tras la correspondencia de todo un año. A diario bajaba en su borrica por la correspondencia, desayunando antes con sus hermanos mayores. Cuando llegaba el momento de bajar a la estación, le decían: "chiquito menor, apareja la caballería que son las menos diez". También se recuerda a Manuel Ramírez, "Maírez" y a varios jefes de estación como Manuel del Amo y el último, Miguel Rodríguez Serrano. Los coches tirados por mulas establecían un servicio de transporte de viajeros entre la estación y el pueblo, servicio que en los años 40, costaba por persona diez pesetas. Las mercancías más cotidianas eran el bacalao, azúcar, sardinas y boquerones, pescado que se recibía en capachas. Los ladrillos que se producían en Arjonilla, encontraban en el ferrocarril la mejor vía de exportación, como los que transportaban hasta la estación los hermanos Rueda Mercado en su camión, y a su regreso volvían al pueblo cargados de vino de Valdepeñas, Membrilla y La Solana. La guerra civil no afectó materialmente a la estación de ferrocarril, sino que el tránsito de viajeros y mercancías se vio interrumpido desde el túnel cercano a nuestra estación, y al resto de la línea hasta Córdoba. Las nuevas imágenes que se adquieren por la Iglesia Parroquial tras la guerra, en su mayoría de Olot, son transportadas por el ferrocarril, y llegan hasta la estación arjonillera. Como anécdota la que protagonizó la imagen de la Piedad, que al bajarla del tren, los operarios ignoraban el contenido del paquete, por lo que la dejaron caer al suelo. De suerte, que en nuestro pueblo siempre hubo artistas que desinteresadamente colaboran con la Iglesia, y allí estuvo la labor meritoria de Manuel Cuesta Hernández. Dice Juan Manuel Lara de la estación: "En ella pasé muchas horas contemplando el paso de los trenes, una de mis distracciones favoritas. En las horas del crepúsculo me deleitaba escuchando al ruiseñor emitiendo sus trinos en los árboles que la circundan y por el camino, de regreso, oir el sonido especial de la alondra al despedir al son en su ocaso." La soledad de la estación, un motivo más para los poetas:
Penetrante, el silbido del "expreso" Se
oye un tronar lejano... "Esta
noche ha llovido (Arjonilla
en tiempo de lluvia. ©Ildefonso Rueda Jándula |
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