Procesión
del Corpus Christi |
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EPÍLOGO
DE LA SOLEMNÍSIMA PROÇESIÓN DEL SANTÍSIMO
CUERPO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO E YNVENÇIONES Bien sabe el lector que de los siete Sacramentos intituidos por nuestro amabilísimo Redentor, es uno el de la Sagrada Comunión. Si yo intentara demostraros lo grande de este Augusto Sacramento, sobre no conseguir lo que quisiera, aparecería, y sería en verdad, un temerario. Diré más: ni los hombres ni los Ángeles pueden esplicarle como es en si: solamente Dios puede haçerlo, porque solo Dios es quien pudo intituirle. Tan grande Misterio se manifiesta a los hombres solemnemente en la dominica siguiente a la festibidad de la Sanctísima Trinidad, y en este día paresçe que los cuerpos celestes quieran unirse con todo su esplendor a la fiesta, y el sol reparte sus destellos con mas fuerça que nunca. Singularísima es tambien la obra humana en el adereço de las calles y plaças que al paso de la Custodia se revisten de los mejores adornos que agradan a los oxos, obra que de una manera especialísima se a executado en este año de MCMXCIX antiçipandose a las Dibinas graçias de el año iubilar. En ese dia toda la Creacion paresçe alabar al Sanctísimo Sacramento del Altar pues según las chançonetas de esta noble Villa de Arxonilla, por chica que sea la Hostia lleva cuerpo y Sangre de su Magestad. Començaron
los dibinos ofiçios en la Yglesia de Santa María la Mayor
a la ora acostumbrada el dia 6 de junio proximo pasado habiendose dado
los tres signos de campanas para hazer señal con sus interbalos
correspondientes, que el último fue despues de las nuebe de la
mañana de dicho dia, del que haviendose pasado otro interbalo
salió el Clero de la Sacristía, compuesto de acólitos,
el Rvdo. Prior Don Joseph Antonio de Garçía y el Doctor
Don Joseph Bera que a la sazón se encontraba en la Villa. Finalizada
la Misa fue manifestada Su Divina Magestad y los ministriles entonaron
el Pange Lingua, arrodillándose todos en señal de adoraçion
ante el Sacramento. Las chanzonetas no cesaban mientras los Ministros
llevaban a Nuestro Señor hasta su Trono, bajo el palio de seis
varas, que en tiempos antiguos portaban los rexidores de el cabildo
de la Villa con la escena de la toma de Granada bordada en filos de
seda que a todos paresçia una maravilla. Metiéronse bajo el trono del Altísimo unos beinte i seis ombres que sacaron la carroça sacramental que apareçiose al pueblo por la pverta del perdón a ora de las diez de la mañana. Iniçiaban la proçision banderas y estandartes de las ermandades que ay en esta Villa, las del Sacratísimo Coraçon de Iesus, Nuestra Señora de la Caveça, con su estandarte carmesí bordado en oro matiçado, Nuestra Señora de Larilla, María Santísima de el Rosario, Sanct Ysidro, la Santa Bera Cruz, El Xpto de la Umildad, Jesús de Naçaret, San Jvan Ebangelista, Nuestra Señora del Ballerrico, los niños de la Sancta Cruz y la Soldadesca mariana de Mª Stma. que con el título del Rosario se benera en la hermita del Bienabenturado Señor Sanct. Roque. Luego venían los infantes que en aquel tiempo habían resçibido el Sacramento, ataviados con sus mejores galas que eran una maravilla por el blancor de las saias de las muchachas que más clareaban con los raios de el sol sobre la calle enjabelgada por los veçinos. Todo el pueblo venía detrás, vestido con sus mejores ornamentos, las mujeres con sus adereços de oro, sarzillos y perendengues, y luego la Cvstodia sobre trono de plata que paresçía caminar con los pies de aquellos ombres, como el palio que en signo de respeto llevaban con toda pompa delante de el Clero y un grupo de voçes que no çesaban de ofreçer chançonetas. Luego el Conçejo, justiçia y rreximiento de la Villa con sus alcaldes hordinarios a los que seguían los ministriles de el Cabildo con sus chirimías y bigüelas. Entrando la proçiçion en la calle de la Bera Cruz, que conduce a la hermita de la Soledad vimos un altar en obsequio de María Santísima con el título de el Monte Carmelo también mui adereçado de damascos, brocados y candeleros de cobre, y luego que pasaba la mytad de la calle una fuente de aguas puras que salía de una montaña en la que aparesçía una imaxen de la Limpia Conçepçión y todo era como un descanso para los fieles en las calores terrenales y espirytuales. La Hermita de Nuestra Señora del Ballerrico tenía a sus puertas unos tapiçes con los escvdos de la Villa, bordados a maravilla y en su interior, se mostraba la Señora de la Soledad sobre un suntuoso altar y a los lados del dosel unos seraphines honrando al Hixo de María Sanctísima que con antelaçion lo bisten como a niño de choro, de los que bailan en la misma proçesion. Todas las imaxenes de esta Santa casa se mostraban con muy deçentes bestidos, sus altares aseados y sus juegos de frontales en damasco carmesí, porque es el color de la charidad, virtud que no se puede separar de la Eucharistia. En el final de la calle Soledad en unas casas prinçipales habían cubierto sus balcones con terçiopelos de un açul que con la claridad del día agradaba a los oxos que era una maravilla y sobre un dosel de el mismo color aparesçía una imaxen de la Conçebida, que la pureça del cverpo y de las almas pareçe ser una virtud que los ombres an olbidado en estos tiempos. Y en llegando a la Plaça Mercado de esta Villa se hiço parada en la Pverta del Perdón, que es lugar mui acomodado para la salida de todas las proçiçiones, porque los maestros de cantería executaron mui bien su portada segun la traça del Maestro Vandeelvira. Y hallí sacó el Señor Prior a Su Dibina Magestad del trono en que había sido colocado, para derramar sobre los fieles la Bendiçion con el Sanctísimo Sacramento que hiçose en la ocasión presente sobre un estrado mui bien adereçado donde se colocaron las banderas, estandartes e ynsinias que trayan las Cofradrías de la Villa, mientras las voçes entonaban el Himno Tantum Ergo y con una y otra çeremonia bolvióse a colocar la Cvstodia en su trono asta recogerse la proçiçion en la Yglesia Mayor y hallí trasladado el Sacramento con el palio asta el Sagrario de el Altar Maior concluió esta solene festibidad que todos gravaron en sus oxos. Los devotos
de Nuestro Señor Sacramentado refrescarán las memorias
de las maravillas de Dios; con este breve y llano Epílogo, aumentarán
su devocion y afecto y los que no lo han visto tendrán notiçia
de quanto suçedio en aquella mañana del mes de junio.
Alabado sea el Sanctísimo Sacramento de el Altar, y la Inmaculada
Concepcion de la Virgen María, Madre de Dios, y Señora
Nuestra, concebida en Gracia en el primer instante de su ser. Amen.
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