LA MAGDALENA DE LA COFRADÍA DE LA VERA-CRUZ. |
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Situada al Norte de la población de Arjonilla, la ermita que hoy conocemos por el título de la Soledad, antaño nombrada en los documentos también como ermita de la Vera-Cruz, atesora las imágenes que aún son objeto de las más rancias manifestaciones de la religiosidad popular arjonillera. Documentalmente se ha comprobado que en este lugar se desarrollaron los primeros cultos de la parroquial, que a mediados del siglo XVI se traslada al gran templo consagrado a la Encarnación. Las antiguas devociones permanecieron en la vieja iglesia , resistiendo frente a otras que fomentará el barroco, no sólo en el templo nuevo sino en el resto de ermitas diseminadas por el casco urbano . Las Cofradía de la Santa Vera-Cruz ha realizado sus cultos desde tiempos inmemoriales en esta iglesia, primitivamente de Santa María del Val Rico, en la que se veneraban la Santa Cruz, la grande, negra y despojada de la figura de Cristo, como símbolo de Victoria frente al pecado y otra Vera-Cruz (que significa verdadera Cruz) dorada y decorada de espejos, para procesionar al Cristo de las Misericordias o ?Padre de las Aguas?, imagen que permaneció en esta ermita hasta que a finales del siglo XIX se trasladó a la antigua ermita de San Cristóbal, reconstruída gracias a la promesa que realizó la Villa por la lluvia recibida tras un período de sequía. Es la ermita del Santo (S. Cristóbal), que tras colocar allí la imagen del Santo Cristo de las Misericordias, dará nombre también a la calle más próxima a la ermita ( Calle Misericordia ). Jesús en la Oración del Huerto, el Señor Caído, Santa Marcela, conocida como ?La Verónica?, aunque este nombre refiere el paño que es la ?Vera Icona? -verdadera imagen-, y no a la Santa, cuyo nombre es Santa Marcela, y Santa María Magdalena, son otras imágenes pertenecientes a la cofradía más antigua de las de pasión, con sede en el primitivo templo parroquial. Sobre esta última devoción de la Cofradía de la Vera-Cruz veremos algunas peculiaridades que la configuran como una de las devociones más interesantes para el patrimonio etnográfico y la religiosidad popular arjonillera. Su
fiesta, a finales del mes de julio aporta varios elementos singulares
para el ciclo festivo arjonillero, por lo que en su momento publicaremos
ampliamente el estudio sobre esta verbena desacralizada, en el tiempo
del final de la siega. Algunas de las conclusiones obtenidas de este
estudio pueden servirnos también para entender mejor la presencia
de la Magdalena en la Semana Santa. ? Ytem mando un arca grande que yo tengo a el Santo Cristo de la Capilla de la Iglesia Mayor desta Villa para en que tengan sus bestidos y hornamentos (...) Ytem mando a el Santísimo Sacramento un paño de tafetán colorado con puntas y franjas de oro (...) a la Virgen de la Alegría de esta Villa, un jubón de tela verde que yo tengo de los viernes (...) ytem mando un manteguelo francés de tafetán carmesí con franxas a la imagen de la Magdalena de esta Villa.? Los vestidos antiguos, como los actuales, eran ceñidos a la cintura de la Santa, proporcionando así mucho vuelo a las faldillas. Varias de nuestras informantes, Ana María Vela Hernández y Encarnación Carmona Ruz, han coincidido en lo llamativos que resultaban los brocados en la delantera del vestido y todo el adorno floral, exclusivo de la festividad de julio, fundamentado en guirnaldas de jazmines, que engarzados en hilos, colgaban de la imagen en clara actitud oferente. Encarnación Carmona nos dijo que en las casas, las mujeres cultivaban macetas de albahaca que llevaban la víspera de la Magdalena para adornar a la Santa, colocada en un frondoso altar que realizaban en la ermita de la Soledad, una verbena en en su sentido más primigenio . El verdadero motivo de la afluencia de fieles, y en esto consistía realmente la fiesta, era la contemplación de esta verbena en la que se hallaba inmersa la imagen de la Magdalena, como si de una teofanía se tratara. La estampa que resultaría de la conjunción de estos elementos decorativos no es muy distinta a esta otra recogida por Rodrigo Caro en las fiestas de mayo: ?júntanse las muchachas en un barrio o calle, y de entre sí eligen a la más hermosa y agraciada para que sea la maya; aderézanla con ricos vestidos y tocados; corónanla con flores o con piezas de oro y plata, como reina; pónenle un vaso de agua de olor en la mano, súbenla en un tálamo o trono ...?
Para quienes desconocen las tradiciones de la Semana Santa en Arjonilla, pudiera permanecer extraña la presencia de la Magdalena en la procesión del Domingo de Resurrección. Para el arjonillero, esta presencia se hace necesaria, pues refuerza el sentido pascual del tránsito tristeza-alegría, muerte-vida, invierno-primavera. Dos salidas tiene la Santa en la celebración de la pasión: Enlutada, de negro hasta los pies en la noche del Viernes Santo, y con un vestido verde, flores en sus manos, en la radiante mañana de Resurrección. Son las dos caras de una misma moneda, la oscuridad y la luz de una mañana en la que vuelven las campanas a repicar de alegría, a similitud de la siguiente narración mitológica: ? Démeter es famosa sobre todo por sus sufrimientos como madre de Core, a quien quería entrañablemente. Encontrábase ésta un día cogiendo flores con sus compañeras en el llano de Nisa, cuando vio frente a ella un narciso de singular atractivo. Agachóse para cogerlo, pero en el preciso instante la tierra se abrió y dejó paso a Hades, que arrastró a la joven a las profundidades de su morada subterránea (...) la Tierra no daría frutos hasta que no volviera a ver a su hija. Ante esta resuelta actitud, hubo que ceder. Hermes, obedeciendo una orden de Zeus, descendió a la morada de Hades y lo exhortó a devolver a Démeter su hija Core, que, después de su estancia en el mundo infernal, se denominó Perséfone. Hades acató la voluntad de Zeus (...) Zeus resolvió que Perséfone viviese con su esposo una tercera parte del año, y los dos tercios restantes en compañía de su madre (...) Por eso cada año, al llegar los fríos, la tierra se viste de luto y se entristece. Desapareció el verdor, se mustiaron las flores en los campos, los árboles se quedan sin hojas. Las semillas duermen ahora su sueño invernal en las entrañas del suelo. Es el momento en que Perséfone baja a los infiernos a reunirse con su esposo. Pero cuando llega la primavera, la tierra vuelve a adornarse con mil clases de flores para celebrar el retorno de Core, que surge, radiante de belleza, como un maravilloso espectáculo para dioses y humanos.? ©Ildefonso Rueda Jándula |
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