EL
CAÑARRASCA Y LA NAVIDAD DE OTROS TIEMPOS EN ARJONILLA |
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Recuperar nuestras tradiciones en lugar de innovar con otro tipo de festejos que no cuentan con el arraigo popular que sin embargo poseen otras manifestaciones tradicionales, es el objetivo de la concejalía de fiestas del Ayuntamiento de Arjonilla, que se ha marcado para el año que viene, la meta de restaurar una de las entrañables costumbres que duermen en la memoria de los mayores del lugar, y que algunos estudiosos han puesto de relieve frente al variado marco costumbrista de nuestra tierra giennense. Se trata del cañarrasca, o toro de caña, personaje que pertenece a las mascaradas de invierno que por pascua de Navidad salía por las calles para regocijo de unas poblaciones ocupadas en la recolección. Cada año con la llegada de la Inmaculada, se inicia el ciclo festivo de invierno, al mismo tiempo que en las casas se organizan las matanzas y el aire frío de nuestras calles se impregna de la cebolla cocida, en espera de la sangre del cerdo. Según me han contado - yo no he conocido la costumbre - desde la Inmaculada se ocupaba la chiquillería en tocar por las calles los típicos tambores, que con gran estruendo anunciaban el tiempo navideño. Todas las manifestaciones festivas del invierno, desde la Inmaculada hasta el inicio de la cuaresma, tendrán un claro carácter carnavalesco, en lo que incide la obra de Manuel Urbano Pérez Ortega “Campanas y Cohetes”, estudio recomendable para todo giennense que quiera conocer el porqué de muchas de nuestras manifestaciones festivas. La fiesta de la carne, comienza con la matanza, que por sí misma es una ritualidad de la que participan los más allegados a las familias. En algunas de estas matanzas, alguien amenizaba las labores disfrazándose y realizando bromas. Bajo este contexto carnavalesco, comprenderemos la aparente irracionalidad de algunas de nuestras fiestas invernales. Centrándonos en nuestro personaje, “El toro de caña”, que da título a una publicación que acoge estudios sobre las tradiciones de los pueblos de Jaén, diremos que la tradición es exclusiva de Arjonilla y Arjona. El conocido Cañarrasca, Carrañaca o toro de cañas, fue localizado por Manuel Urbano en tierras leonesas. No en vano deberemos tener en cuenta que, dentro de la amplia comarca de Andújar, sólo Arjona y Arjonilla fueron reconquistadas por caballeros y gentes de León, al contrario del resto de los lugares, que lo fueran por castellanos. En ambos pueblos, se ocuparon del cañarrasca D. Basilio Martínez Ramos y D. Alberto de la Torre, quien redactó de una forma gráfica esta interesante costumbre: “ El cañarrasca era un personaje típico que aparecía todos los años por las Navidades, el día 24 de diciembre, nochebuena, sobre las cinco de la tarde. Venía del cortijo de Anita Lara, uno de esos cortijos que tanta importancia tuvieron y que desgraciadamente van desapareciendo del campo andaluz. Era uno de los trabajadores - mulero, gañán, jornalero, etc. - de aquella casa. Venía todo pintado de negro con la tizne de la sartén de hacer las típicas migas y su cuerpo cubierto de trozos de cañas que sonaban al correr con ese tono característico de los pedazos de caña al chocar con otros. Salían a recibirlo a la Cruz de la calle Santa Ana -camino de Andújar- todo el pueblo y sobre todo los niños, a los que hacía blanco de sus bromas y sustos, ocasionando carreras, caídas y sobresaltos. Seguido de toda la chiquillería y mayores, tras recorrer la mayoría de las calles de la población y haber cumplimentado a sus amos y señores a los que cantaba la letrilla: “Como vengo del cortijo / tengan ustedes buenas Pascuas; / porque yo todos los bolsillos / los traigo llenos de paja. / “ que hacía alusión al aguinaldo. Iba a la Iglesia Parroquial y allí se postraba ante el nacimiento, adorando al Divino Niño con la fe y sencillez que caracterizaba a los hombres de aquellas épocas, mientras se entonaban villancicos y cánticos de gloria en alabanza a Dios.” Don
Basilio Martínez Ramos, precisó en sus escritos la indumentaria
del cañarrasca. Así cuenta nuestro recordado presbítero
el aderezo del personaje: “Era costumbre de hacer una comparsa desde
los cortijos, hasta el pueblo, para felicitar a los señores.
El traje lo componían la camiseta y el chaleco del revés
y los pantalones blancos encima de los exteriores, y la cara pintada
grotescamente. Uno de ellos venía vestido de cañas , imitando
a un toro, el Toro de Caña, con una hermosa cornamenta para la
que se utilizaron los cuernos del aceite y del vinagre y un gran collar
de cascabeles y un traje de cañas anudadas que le cubría
las vestimentas.” Unos
van a los maitines, Curiosamente, la “nochebuena de Arjonilla” como se conocía en el pueblo a estos cánticos, no incidía demasiado en el Misterio del tiempo navideño. Recordemos, no obstante, que todas estas manifestaciones festivas tienen un carácter carnavalesco. A continuación ofrezco una serie de villancicos arjonilleros que muchos de nuestros mayores han cantado en tiempos pasados. Otros, sin embargo, se habrán perdido por no haber quien los aprenda de nuestros abuelos. Sería interesante que, al igual que se va a recuperar la tradición del cañarrasca, se recopilen los antiguos villancicos que acompañaban su paseo por las calles del pueblo. Por
la baranda del cielo, Vaya,
que te lo digo,
Lástima
de bota, A
tu madre le han puesto Ciérrala.
Morena, la ventana Como
vives en frente De
tu puerta a la mía Si
tu madre no quiere Esta
noche no hay coche Esta
noche ha llovido, ©Ildefonso Rueda Jándula |
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