EL CAÑARRASCA Y LA NAVIDAD DE OTROS TIEMPOS EN ARJONILLA
 
 

Recuperar nuestras tradiciones en lugar de innovar con otro tipo de festejos que no cuentan con el arraigo popular que sin embargo poseen otras manifestaciones tradicionales, es el objetivo de la concejalía de fiestas del Ayuntamiento de Arjonilla, que se ha marcado para el año que viene, la meta de restaurar una de las entrañables costumbres que duermen en la memoria de los mayores del lugar, y que algunos estudiosos han puesto de relieve frente al variado marco costumbrista de nuestra tierra giennense. Se trata del cañarrasca, o toro de caña, personaje que pertenece a las mascaradas de invierno que por pascua de Navidad salía por las calles para regocijo de unas poblaciones ocupadas en la recolección.

Cada año con la llegada de la Inmaculada, se inicia el ciclo festivo de invierno, al mismo tiempo que en las casas se organizan las matanzas y el aire frío de nuestras calles se impregna de la cebolla cocida, en espera de la sangre del cerdo. Según me han contado - yo no he conocido la costumbre - desde la Inmaculada se ocupaba la chiquillería en tocar por las calles los típicos tambores, que con gran estruendo anunciaban el tiempo navideño. Todas las manifestaciones festivas del invierno, desde la Inmaculada hasta el inicio de la cuaresma, tendrán un claro carácter carnavalesco, en lo que incide la obra de Manuel Urbano Pérez Ortega “Campanas y Cohetes”, estudio recomendable para todo giennense que quiera conocer el porqué de muchas de nuestras manifestaciones festivas. La fiesta de la carne, comienza con la matanza, que por sí misma es una ritualidad de la que participan los más allegados a las familias. En algunas de estas matanzas, alguien amenizaba las labores disfrazándose y realizando bromas. Bajo este contexto carnavalesco, comprenderemos la aparente irracionalidad de algunas de nuestras fiestas invernales.


El proceso de sincretismo que el cristianismo realiza en los pueblos a los que trasmite la fe, hace posible la convivencia de rituales paganos, transformados aparentemente al culto cristiano, que se adapta con gran facilidad provocando una rápida aceptación por las comunidades, que mantendrán ancestrales costumbres. Antes de la venida de Cristo y aún en los siglos primeros de la era cristiana, era tradición en toda Europa que al llegar los últimos días del año las gentes saliesen a la calle cubiertas de extraños ropajes, con máscaras zoomórficas -con forma de animales-, práctica habitual en algunas cuadrillas de ánimas que recorrían las calles pidiendo limosna el día de los Santos Inocentes. En Arjonilla se habían denunciado los excesos que los componentes de la cuadrilla cometían al entrometerse con las mujeres del lugar.

Centrándonos en nuestro personaje, “El toro de caña”, que da título a una publicación que acoge estudios sobre las tradiciones de los pueblos de Jaén, diremos que la tradición es exclusiva de Arjonilla y Arjona. El conocido Cañarrasca, Carrañaca o toro de cañas, fue localizado por Manuel Urbano en tierras leonesas. No en vano deberemos tener en cuenta que, dentro de la amplia comarca de Andújar, sólo Arjona y Arjonilla fueron reconquistadas por caballeros y gentes de León, al contrario del resto de los lugares, que lo fueran por castellanos.

En ambos pueblos, se ocuparon del cañarrasca D. Basilio Martínez Ramos y D. Alberto de la Torre, quien redactó de una forma gráfica esta interesante costumbre: “ El cañarrasca era un personaje típico que aparecía todos los años por las Navidades, el día 24 de diciembre, nochebuena, sobre las cinco de la tarde. Venía del cortijo de Anita Lara, uno de esos cortijos que tanta importancia tuvieron y que desgraciadamente van desapareciendo del campo andaluz. Era uno de los trabajadores - mulero, gañán, jornalero, etc. - de aquella casa. Venía todo pintado de negro con la tizne de la sartén de hacer las típicas migas y su cuerpo cubierto de trozos de cañas que sonaban al correr con ese tono característico de los pedazos de caña al chocar con otros.

Salían a recibirlo a la Cruz de la calle Santa Ana -camino de Andújar- todo el pueblo y sobre todo los niños, a los que hacía blanco de sus bromas y sustos, ocasionando carreras, caídas y sobresaltos. Seguido de toda la chiquillería y mayores, tras recorrer la mayoría de las calles de la población y haber cumplimentado a sus amos y señores a los que cantaba la letrilla: “Como vengo del cortijo / tengan ustedes buenas Pascuas; / porque yo todos los bolsillos / los traigo llenos de paja. / “ que hacía alusión al aguinaldo. Iba a la Iglesia Parroquial y allí se postraba ante el nacimiento, adorando al Divino Niño con la fe y sencillez que caracterizaba a los hombres de aquellas épocas, mientras se entonaban villancicos y cánticos de gloria en alabanza a Dios.”

Don Basilio Martínez Ramos, precisó en sus escritos la indumentaria del cañarrasca. Así cuenta nuestro recordado presbítero el aderezo del personaje: “Era costumbre de hacer una comparsa desde los cortijos, hasta el pueblo, para felicitar a los señores. El traje lo componían la camiseta y el chaleco del revés y los pantalones blancos encima de los exteriores, y la cara pintada grotescamente. Uno de ellos venía vestido de cañas , imitando a un toro, el Toro de Caña, con una hermosa cornamenta para la que se utilizaron los cuernos del aceite y del vinagre y un gran collar de cascabeles y un traje de cañas anudadas que le cubría las vestimentas.”

El proyecto de ordenanzas municipales que el Ayuntamiento redactó a finales de siglo pasado recogió una visión de la costumbre festiva navideña que llenaba las calles de jolgorio : “ En la noche de Navidad será permitido circular por las calles con los instrumentos, músicas y regocijos que son de inmemorial costumbre, pero sin cometer excesos de ningún género que afecten a las personas, al decoro de las familias y al bien nombre de este vecindario “. Y es que en esta sociedad rural no estaba bien vista la salida nocturna, por muy devota que fuese, lo que recoge el siguiente cantar picarón:

Unos van a los maitines,
otros van a maitinar;
unos a pelar la pava
y otros a verla pelar.

Curiosamente, la “nochebuena de Arjonilla” como se conocía en el pueblo a estos cánticos, no incidía demasiado en el Misterio del tiempo navideño. Recordemos, no obstante, que todas estas manifestaciones festivas tienen un carácter carnavalesco. A continuación ofrezco una serie de villancicos arjonilleros que muchos de nuestros mayores han cantado en tiempos pasados. Otros, sin embargo, se habrán perdido por no haber quien los aprenda de nuestros abuelos. Sería interesante que, al igual que se va a recuperar la tradición del cañarrasca, se recopilen los antiguos villancicos que acompañaban su paseo por las calles del pueblo.


Zambomba, Zambomba,
carrizo, carrizo,
los hombres del campo
no comen chorizo.

Por la baranda del cielo,
se pasea San Alejo,
metido en una canasta
y corre más que un conejo

Vaya, que te lo digo,
que te lo digo vaya,
y antes que te lo diga,
más vale que te vayas,
porque si te lo digo,
quedas avergonzada.


Hacia Belén caminaba,
una reata de ciegos
y el que llevaba la bota
se metió en un cenaguero.

Lástima de bota,
lástima de vino,
que no lo he probado
en todo el camino.

A tu madre le han puesto
la tomatera,
a tu padre el pepino,
y a tí la pera.

Ciérrala. Morena, la ventana
y ábrela, celosilla del alma


Como vives en frente
de la botica,
oyes los almireces
María Francisca
Ciérrala ...

Como vives en frente
del campanario,
oyes tocar a Misa,
María Rosario
Ciérrala ...

De tu puerta a la mía
va una cadena,
tirada por el suelo,
de amores llena
Ciérrala ...

Si tu madre no quiere
que te visite,
de tu puerta a la mía
eche un tabique
Ciérrala ...

Esta noche no hay coche
porque el cochero
ha pillado una “mona”
y la está durmiendo.
Ciérrala ...

Esta noche ha llovido,
mañana hay barro,
cuatro pares de mulas
llevan mi carro
Ciérrala ...

©Ildefonso Rueda Jándula